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Pobreza empuja a mujeres jornaleras a la migración

La cercanía y la búsqueda de mejores oportunidades laborales al cruzar a Estados Unidos es una posibilidad para muchas personas, para algunas otras es el destino de esta migración. Es común que las jornaleras agrícolas viajen con sus hijas e hijos, esposos y en ocasiones con personas de la tercera edad.

Oaxaca, 17 de agosto de 2021 (FAO) — Esta es una historia de migración, la historia de miles de personas que transitan dentro o fuera de su país de origen, la historia de personas a las que la pobreza rural, inseguridad alimentaria, desigualdad, desempleo, falta de protección social y agotamiento de los recursos naturales, les ha obligado a abandonar sus hogares y buscar nuevas oportunidades.

Esta es la historia de Beatriz Vázquez, una mujer que ha vivido la migración muy de cerca, con tan solo 7 años de edad, ella y su familia migraron a Culiacán, Sinaloa a laborar en campos de siembra de tomate rojo, en donde con cubetas pequeñas, comenzó a ayudar en la pizca de este fruto.

También es la historia de Otilia Flores, otra mujer migrante y jornalera que migró al Norte del país, la carencia de trabajo en su lugar de nacimiento la ha obligado a buscar nuevos senderos; la primera vez que migró Otilia, fue hace 39 años, trabajó en el deshierbe de campos, tenía 10 años de edad.

Oriundas del municipio de San Martín Peras, una comunidad que se encuentra ubicada en la región de la Mixteca oaxaqueña, con una población de casi 12 mil 500 personas[1] y con un índice de muy alta marginación[2] es un territorio donde el trabajo remunerado es escaso, y debido a las desigualdades de género existentes, si se es mujer las oportunidades laborales son menores, tan solo el 12.5% se encuentra económicamente activa[3].

Los estados de arribo de las jornaleras agrícolas varían en función de los ciclos agrícolas. En el caso de Otilia Flores, el período en el que normalmente migra es en los meses de septiembre a abril, trabajando en cultivos de tomate, chile, pepino, berenjena y uva en Hermosillo, Sinaloa, pero las altas temperaturas de este estado la obligan a dirigirse a lugares con climas más templados por lo que se traslada a Mexicali, en el estado de Baja California a laborar en los cultivos de  sandía, melón y cebolla.

Concluido su trabajo por el Norte del país, Otilia decide volver a su comunidad, tiempo que coincide con el período de siembra de maíz y frijol de temporal –producción que depende del comportamiento de las lluvias– sin embargo, su milpa solo alcanza para el autoconsumo familiar.

El municipio de Ensenada, Baja California fue el lugar al que Beatriz Vázquez tuvo que mudarse a los 8 años, el trabajo en la zanahoria, tomate y chícharo fue una forma de conseguir recursos para ella y su familia, vivían en hacinamiento en cuarterías –piezas habitacionales de pequeño tamaño ­­– los bajos ingresos familiares también la obligaron a deambular por la zona turística de este municipio pidiendo una moneda a los turistas nacionales y extranjeros.

Al igual que para muchos migrantes la cercanía y la búsqueda de mejores oportunidades laborales al cruzar a Estados Unidos es una posibilidad, para algunas otras es el destino de esta migración; Beatriz a sus 13 años arriesgó su vida y cruzó la frontera para dirigirse a campos de cultivo de fresa en Oxnard, California, donde trabajó por 5 años.

Durante la migración a los estados del Norte es común que las jornaleras agrícolas viajen con sus hijas e hijos, esposos y en ocasiones con personas de la tercera edad. En el caso de Otilia conforme ha tenido más hijas e hijos se le ha dificultado movilizarse con ellos, por lo que los deja en su comunidad al cuidado de su madre y padre.

“Cuando me voy para allá sufro al no verlos, es difícil para ellos y para mí, me voy con tristeza, pero si me los llevo sufren más porque los dejamos en el trabajo, no hay guarderías o cuando hay tampoco los cuidan como debe de ser, además hay mala alimentación”.

La falta de cobertura en protección social para las jornaleras agrícolas representa la ausencia de espacios de cuidado para sus hijas e hijos, sana alimentación, servicios de salud, vivienda adecuada y prestaciones laborales entre otras más.

“Regresé porque soy madre soltera y la niñera que cuidaba a mi hija no la cuidaba bien, la encontré con moretones en la mano o hinchada y no le cambiaban los pañales”, dijo Beatriz Vázquez.

El llamado comunitario

Recientemente en San Martín Peras se incluyó a mujeres en puestos del gobierno municipal como parte de la paridad de género entre hombres y mujeres en el ejercicio de sus derechos a votar y ser votadas, son los casos de Otilia Flores y Beatriz Vázquez, quienes actualmente se encuentran cumpliendo como suplente de la regiduría de salud y regidora de vialidad y transporte respectivamente.

Actualmente, ambas mujeres se encuentran en la Mixteca oaxaqueña cubriendo los cargos que les ha designado su comunidad, para ellas representa una responsabilidad y una deuda social que tienen con su pueblo, pero también limita su oportunidad de incorporarse al trabajo agrícola en el Norte del país para obtener dinero y cubrir las necesidades de sus familias.

El haber migrado desde pequeñas les permitió aprender el español, además de su natal lengua el mixteco, por ello Otilia y Beatriz han fungido como interpretes entre personas hablantes del mixteco y servidoras públicas que llevan algún programa de gobierno de asistencia social; lamentablemente la pandemia por COVID-19 y el distanciamiento social recomendado, detuvo esta actividad, reduciendo aún más sus ingresos.

En México se estima que hay aproximadamente 323 mil mujeres jornaleras[4]. Entre 30 y 40% de esta población está constituida por personas migrantes que viajan en familia, por lo que se calcula que junto con sus familias suman 5.9 millones de personas[5]. Asimismo, se calcula que el 24% de esta población son personas indígenas[6].

La falta de protección social hacia este sector de la población las coloca en una situación de vulnerabilidad social y económica, por lo que el gobierno de México y los gobiernos estatales de Jalisco y Oaxaca han solicitado a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en México apoyo técnico para impulsar un plan y una estrategia de protección social diseñada a la medida de las necesidades de las jornaleras agrícolas de Oaxaca y Jalisco que atienda la igualdad de género y los derechos de salud, educación y laborales con el principio fundamental de no dejar a nadie atrás.

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