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Los atropellos a los derechos humanos y la impunidad continúan en Libia, reporta equipo de la ONU

En la localidad de Tarhuna se encontraron nuevas fosas comunes que podrían esconder a las más de 200 personas desaparecidas en la zona.  Los investigadores de la misión para ese país denuncian abusos sistemáticos de las garantías fundamentales de niños y adultos.

La Misión Independiente de Investigación sobre Libia informó este lunes del hallazgo de nuevas fosas comunes en Tarhuna, Libia, y adelantó algunos de los puntos del informe que en los próximos días al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, para dar cuenta de los continuos abusos cometidos en ese país contra niños y adultos por igual.

En conferencia de prensa en Ginebra, Mohamed Auajjar, presidente de la Misión denunció la persistencia de una cultura de impunidad en esa nación norafricana devastada por la guerra, afirmando que esa falta de rendición de cuentas supone “un obstáculo enorme” para la reconciliación nacional, la verdad y la justicia para las víctimas y sus familias.

En el apartado referente a Tarhuna, el informe recopila testimonios y encuentra evidencia de “la perpetración generalizada y sistemática de desapariciones forzadas, exterminio, asesinato, tortura y encarcelamiento” y subraya que todas estas acciones constituyen crímenes de lesa humanidad cometidos por las milicias Al Kani (Kaniyat).

Fosas comunes

El presidente de la Misión señaló que las pesquisas permitieron identificar “fosas comunes no descubiertas anteriormente en esa ciudad”, ubicada unos 65 kilómetros al sureste de la capital, Trípoli, mediante el uso de tecnología avanzada.

No sabemos cuántos cuerpos pueda haber, ahora hay que excavar. Pero ha habido cientos de personas cuyo paradero se desconoce”, acotó.

Auajjar detalló que más de 200 personas siguen desaparecidas en Tarhuna y sus alrededores, causando “una angustia incalculable a sus familias, que tienen derecho a saber la verdad sobre el destino de sus seres queridos”.

Estas mujeres desplazadas internas se trasladan a un centro de detención en Trípoli, en Libia, al comienzo del brote de COVID-19.
OIM/Safa Msehli
Estas mujeres desplazadas internas se trasladan a un centro de detención en Trípoli, en Libia, al comienzo del brote de COVID-19.

Mujeres y niñas en un país en crisis desde 2011

Las mujeres y las niñas no se han librado de las consecuencias de la espiral destructiva desde que el país petrolero se hundió en el caos y la guerra civil cuando en 2011 fuerzas rebeldes apoyadas militarmente por una coalición liderada por la OTAN derrocaron al presidente Muamar al-Gadafi.

Esa crisis llevó a dos grupos rivales a establecer sendas administraciones: un gobierno reconocido por la ONU y la comunidad internacional en general con sede en Trípoli, y otro a cargo del autodenominado Ejército Nacional Libio.

En la actualidad, a pesar de los significativos avances recientes en el intento de resolver diferencias de larga data, el gobierno de Trípoli todavía está enfrentado con una administración rival y una autoridad parlamentaria en el este.

Entre los muchos hallazgos inquietantes el informe de la Misión de Investigación reporta que cuando las mujeres se organizaron para presentarse en las elecciones nacionales -que aún no se habían celebrado-, se convirtieron en blanco de discriminación o violencia.

Algunas fueron secuestradas en el marco del patrón de desapariciones forzadas que “no cesa en Libia”, enfatizó Aujjar, citando el caso de la parlamentaria Sihem Sirgiwa, raptada en 2019.

La discriminación y la violencia son una característica de la vida cotidiana de la mayoría de las mujeres y niñas en Libia”, explicó Aujjar. “A la Misión le preocupa especialmente que la ley interna no brinde protección contra la violencia sexual y de género ya que esta carencia contribuye a la impunidad de tales delitos”, apuntó.

Tribunales especializados

A pesar de la creación de dos tribunales especializados en casos de violencia contra mujeres y niños, la Misión advirtió que las jóvenes han enfrentado “ejecuciones sumarias, detenciones arbitrarias, violencia sexual y de género, y tortura”.

Estas jóvenes a menudo son acompañantes de adultos migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que han sido privados de la libertad y se encuentran en los centros de detención de Libia.

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