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La desigualdad en el reparto mundial de vacunas no se limita al COVID-19

Aunque la capacidad de fabricación ha aumentado en todo el mundo, sigue estando muy concentrada, con diez fabricantes produciendo el 70% de las vacunas. El año pasado se suministraron unos 16.000 millones de dosis de vacunas por un valor de 141.000 millones de dólares, casi tres veces el volumen de mercado de 2019.

La distribución desigual de la producción mundial de vacunas no es exclusiva de las inmunizaciones contra el COVID-19, los países más pobres luchan constantemente por acceder a las vacunas que se administran en los países ricos, afirmó este miércoles la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En su primer informe sobre el mercado global de vacunas después de la pandemia, la agencia sanitaria explicó que la asequibilidad es uno de los principales obstáculos para acceder a las vacunas ya que, si bien los precios tienden a estar escalonados según los ingresos, las disparidades hacen que los países de renta media paguen tanto, o incluso más, que los más ricos por algunas inoculaciones.

La OMS detalló que en 2021 se suministraron unos 16.000 millones de dosis de vacunas, por un valor de 141.000 millones de dólares, casi tres veces el volumen de mercado de 2019 y casi tres veces y media el valor del mercado de 2019 por 38.000 millones de dólares. El aumento fue impulsado principalmente por las vacunas COVID-19, que mostró cómo se puede ampliar la fabricación de vacunas para responder a las necesidades de salud.

El estudio añadió que, aunque la capacidad de fabricación ha aumentado en todo el mundo, sigue estando muy concentrada, con diez fabricantes produciendo el 70% de las dosis de vacunas, sin incluir las de COVID-19, en tanto que varias de las 20 vacunas más utilizadas, como la usada contra el virus del papiloma humano, dependen principalmente de dos proveedores.

Esta concentración conlleva un riesgo de escasez, así como una inseguridad de suministro regional. El 90% de las vacunas adquiridas en 2021 en las regiones de África y el Mediterráneo Oriental dependían de fabricantes con sede en otros países. Los afianzados monopolios de propiedad intelectual y la escasa transferencia de conocimientos limitan aún más la posibilidad de crear y utilizar la capacidad de fabricación local.

El director general de la agencia de la ONU hizo hincapié en que el derecho a la salud incluye el derecho a las vacunas y lamentó que la dinámica del libre mercado esté privando a algunas de las personas más pobres y vulnerables del mundo de ese derecho.

“La Organización Mundial de la Salud  está pidiendo cambios muy necesarios en el mercado mundial de vacunas para salvar vidas, prevenir enfermedades y prepararse para futuras crisis”, apuntó Tedros Adhanom Ghebreyesus,.

El informe subraya las oportunidades existentes para una mejor alineación del desarrollo, la producción y la distribución de vacunas ligadas a una agenda de salud pública, con el fin de alcanzar los objetivos de la Agenda de Inmunización 2030 y de informar sobre los esfuerzos de prevención, preparación y respuesta a las pandemias.

La COVID-19 demostró que las vacunas pueden elaborarse y distribuirse rápidamente, mediante un proceso con una duración media de diez años, pero nunca inferior a cuatro, que se comprimió a 11 meses. La pandemia también puso de manifiesto la permanente necesidad de reconocer las vacunas como un bien público fundamental y rentable, en lugar de como una mercancía.

Con el objetivo de emprender acciones de gran alcance para lograr un acceso equitativo a las vacunas, el informe pide a los gobiernos que actúen en:

  • Planes claros de inmunización e inversiones más agresivas y una mayor supervisión del desarrollo, la producción y la distribución de las vacunas
  • Centros regionales de investigación y fabricación
  • Establecer normas previas de colaboración gubernamental en tiempos de escasez sobre temas como la distribución de las vacunas, la propiedad intelectual y la circulación de insumos y bienes

Las medidas recomendadas para la industria sanitaria incluyen:

  • Centrar los esfuerzos de investigación en los patógenos prioritarios de la Organización Mundial de la Salud
  • Garantizar la transparencia
  • Facilitar la transferencia de tecnología
  • Comprometerse con medidas específicas de asignación basadas en la equidad

Por último, las organizaciones y sus socios a nivel internacional deben:

  • Priorizar los objetivos de la Agenda de Inmunización 2030
  • Apoyar las iniciativas impulsadas por los países
  • Impulsar la aplicación de las resoluciones sobre la transparencia del mercado
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