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Estabilidad financiera, remesas y disciplina fiscal fortalecen al peso

LA JORNADA

Ciudad de México. El peso mexicano ha reportado los días recientes una racha de apreciación frente al dólar, que lo ha llevado a alcanzar su mejor tipo de cambio en siete años, pero en una economía tan abierta como la mexicana los efectos corren en todas direcciones. Los hay en esa escala maniquea: “positivos y negativos”, explicaron especialistas.

En lo que va del año, el peso es la moneda con mayor apreciación de un grupo de naciones emergentes, con 11.6 por ciento, seguido por el forinto húngaro y el peso colombiano, con avances respecto al dólar de 10 y 7.1 por ciento, respectivamente.

Algunos factores que explican la apreciación de la moneda mexicana son, de acuerdo con Alejandra Marcos y Luis Valdez, de Intercam: la disciplina fiscal, expresada en que la diferencia entre ingreso y gasto públicos antes del pago de intereses se ha mantenido cercando al equilibrio en este gobierno; el déficit entre ingreso y salida de divisas del país, por todos los conceptos (comercio exterior, turismo, intereses, remesas) se ha mantenido en torno a 0.9 por ciento del producto interno bruto (PIB), menor a 1.6 por ciento del periodo 2010-2019; ingreso de divisas por remesas, que este año se acercan a 60 mil millones de dólares y que, en el contexto internacional, la economía mexicana se muestra más resiliente a una marcada desaceleración global.

Un peso fuerte tiene como ventaja un menor costo para las importaciones, lo cual ayuda a reducir la inflación y mejorar el poder de compra de los consumidores en México; en las finanzas públicas reduce el costo de la deuda externa y su saldo denominado en pesos.

En contraparte afecta a las industrias exportadoras, al reducir el valor de sus ventas y también implica menores ingresos públicos por la venta de petróleo, dado que el crudo se negocia en los mercados internacionales a través de dólares, refieren en consultas por separado Janneth Quiroz, subdirectora de análisis económico de Monex, y Marco Oviedo, estratega para América Latina de XP Investments.

Quiroz detalla que entre los factores “negativos” se encuentra el efecto sobre las empresas que se dedican a la exportación, pues están recibiendo la misma cantidad de dólares por sus productos, pero una vez que se hace el cambio a pesos, el valor final de sus bienes en la economía interna es menor.

El peso fuerte tiene un efecto sobre las familias que reciben remesas, dado que el poder adquisitivo de una misma cantidad de dólares se ve disminuido. Además del efecto sobre las finanzas públicas, dado que se reducen los ingresos por venta de exportaciones de petróleo.

En contraparte, Oviedo detalla que una apreciación del peso provoca que se reduzca el precio de los bienes comerciables, principalmente los importados, lo que ayuda a la inflación, y por ende a mejorar el poder de compra de los consumidores.

“Al tener una moneda fuerte nos cuesta menos comprar un dólar y al hacer un pago al exterior por bienes, estaríamos pagando la misma cantidad de dólares, pero nos costaría menos en pesos”, explica Quiroz.

“Esto apoya a que las importaciones sigan aumentando y deriva en que tengamos una menor inflación. Porque al final, si los grandes importadores están pagando menos por el mismo bien, esto permite que no aumenten los precios, o hasta en el mejor de los casos, que los disminuyan un poco”, desarrolla la subdirectora de análisis económico de Monex.

Los efectos sobre las finanzas públicas son detallados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en los Criterios de Política Económica 2023: una apreciación de 10 centavos en el tipo de cambio promedio resta 5 mil 92.9 millones de pesos a los ingresos petroleros y aumenta 738 pesos el costo externo de la deuda externa del gobierno federal.

Los analistas explican las razones de esta tendencia de apreciación en el peso, que si bien tienen una causa importante en el ciclo monetario de Estados Unidos, también tiene que ver la estabilidad de México, como un mercado que da altos rendimientos sin gran riesgo.

“La reciente apreciación depende de factores externos: debilidad del dólar y principalmente internos: alta tasa de interés doméstica, finanzas públicas estables, flujos de remesas y un panorama poco incierto en lo político”, resume Oviedo.

Quiroz amplía que estos movimientos se deben a muchos factores, pero fue particularmente a raíz de la más reciente reunión de política monetaria de la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos, que se enfatizó a la baja la tendencia en el tipo de cambio peso-dólar.

“Está disminuyendo la incertidumbre en torno a hasta donde va a llegar la tasa de interés en Estados Unidos y con ello también algunos participantes de mercado están estimando que ante el nivel de 5.25 por ciento como tasa terminal podría ocurrir que se logre un aterrizaje suave de la economía y no una recesión”, explica.

Además se tienen los flujos de dólares que llegan por remesas y la inversión que ha ingresado hacia valores gubernamentales. Quiroz precisa: “aunque tuviéramos esta tasa de 11.25 por ciento, si los fundamentales (económicos de México) no ofrecieran tranquilidad, difícilmente llegarían estos capitales; porque al final, bajo la coyuntura de incertidumbre en la que estamos, los inversionistas buscan incurrir en el menor riesgo posible”.

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